malecón
Pliego solidaridad nº 1
Noviembre 2019
Santiago
Valparaíso
Barcelona
Contribuciones:
Javier Marticorena
Palito Wood
Manuel Sanfuentes
Luis Romanque
Javier Quintana
Francisco Gálvez

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La marcha
Javier Marticorena

Anoche arropé a mi hijo en una pieza cruzada por el aroma infame de las lacrimógenas. Le pedí perdón, en silencio y a oscuras, por haber llegado tan cansado a su vida, por la mansedumbre hasta esta noche del pueblo que somos, por no ser todavía el pendejo que eludía el chorro de los paces y llevaba su rabia pinta-da de risa. 
Hasta esta noche en que explotan afuera las farmacias, las micros, los bancos. Y las lágrimas arrasan mis ojos, no por humos, no por bombas, sino por la alegría irreductible de los cabros afuera, colándose en el metro, desafiando a la vida si no es como la soñaron. 
Mañana será otro día y m1 hijo correrá, gracias a ustedes, por calles que nos habrán visto otra vez quebrar el fuego, disparar la risa.


Ulls, Ojos perdidos
Nueva Aurora de Chile
« luce beet populus, somnos expellat et umbras». con su luz bendice a los pueblos, aparta el sueño y las sombras (el letargo y la ignorancia). 

Luis Romanque


Esto que voy a cantar
Palito Wood

No es mas 
que la experiencia
de multitudes 
y el silencio 
entre multitudes 
y oír respirar
entre las multitudes
y ver
verse a uno
en la multitud
sin ser la multitud
estando en ella
cuando hay una parte
que está en el frente
otra al inverso
otros al desnudo
vigilan
otras más allá
y otros detrás
y todos están 
no están mezclados
están en su lugar
el lugar
cocido que zurce
uno con el otro
así existe
es 
algo que ocurre 
y uno 
es todo 
es el frente 
el inverso 
el más allá
delante, atrás 
el vértice 
el fin y el comienzo
algo que ocurre
y que es uno mismo
la multitud
multitud
expandida, dilatada
contraída, hermana
cocida
urdida
urdida 
arriba en el cielo
el aire compactado
la tierra más abajo
abrigando 
lo que ocurre 
el pueblo 
el pueblo 
soberano.


Paraman
Manuel Florencio Sanfuentes

Robusto del genio sin rostro,
sus ojos debilitan el miedo,
entre sus brazos,
el escudo de Ilión.

En su pecho desnudo,
descorazonado,
sangre deliberada,
el deseo intangible de su cuerpo.

Sin heridas,
la minucia de sus músculos
evadiendo las piedras del infierno
y el raro aire de la paradoja.

Dividida la señal,
para
e inflama su heroísmo
en la delicia extraordinaria.

Al margen del abandono
sus omóplatos descollan
como una belleza desmarcada,
y sus miembros suponen
antigua existencia.

Y de nuevo,
vana excitación del arquetipo,
posible coyuntura
que golpea la pulcritud del tránsito
y su coronación.